Mi abuela Nelly Andrews tiene hoy noventa y un años.
Enviudó hace creo ya ocho años. Se declara completamente enamorada de su fallecido marido, Maximiliano. Continuamente honrando su memoria, con halagos varios. "No he visto hombre más buenmozo," declara.
Sin embargo, a través de su pasión por la escritura y unos poemas escritos en los años 60, se puede ver que no lo pasó nada de bien y que soportó mucho por amor. Sus poemas hablan del sufrimiento silencioso de una mujer enamorada, que se traga todo y llora a través de un lápiz y un cuaderno debido a infidelidades por parte de su marido, mi abuelo. La verdad es que la entiendo. Yo también estoy enamorada y haría cualquier cosa por salvar mi matrimonio, pero no sé si sólo me desahogaría escribiendo y guardaría silencio como ella. ¡Qué acto de bondad, Dios mío! Demasiado para mí. ¿Dónde queda la rabia, la impotencia, la pena, una misma? ¿En un papel y un lápiz? Bueno, ése será el beneficio que tendrá ser amante de la lectura. Quizás te entrega esa libertad, ese poder mental de desconectarse. Pero también ahí está el peligro. ¿Cuánto se desconectó mi abuela? Injusto es que no lo supo mi abuelo, sólo lo saben los hijos, que siempre son los más engañados. Los hijos también somos cornudos en cuanto a infidelidades matrimoniales.
Ella peleó, no entregó a su hombre. Yo creo que tuvo su premio: el último deseo de mi abuelo antes de morir fue un beso de su mujer. El diálogo fue el siguiente: "¿Q
ué quiere mijito?" dijo mi abuela. "U
n beso", él respondió. Ahí estaba el premio de mi abuela. Lo sé, la conozco. ¿Y qué más se puede pedir a la vida en ese momento en que ya no queda nada a que aferrase, después de haber luchado por que tu hombre muriera en tus brazos? ¿Y que fuera tu boca la última partícula que deseara en este mundo? Ella lo logró. Como sea, pero lo logró.
Seguramente muchas mujeres al leer estos tres poemas que seleccioné de entre más de 200 que hay se sentirán identificadas, en el pasado o en la actualidad. No todos sus poemas tienen que ver con este tema, también habla de política, familia, ciudades, artes, nietos, hijos,amor... Pero los que van a leer a continuación son los que ella escribía en su pena y rabia de ser engañada.
Reconozco que critico a mi abuela, pero en este aspecto se ha ganado mi admiración. No debe ser fácil callar una pena así, ser engañada y hacerse la tonta. De ella heredé el gusto por la escritura, y creo la veneración al marido, aunque estoy segura yo tuve más suerte (lo estoy haciendo, halagando a mi marido). Y claro, también es otra época, ya que hoy ser infiel es mal mirado. Antes era distinto, aunque no por eso las mujeres no sufrían.
Quiero dejar algo claro: no sé bien que defecto habrá tenido mi Tata como marido o padre. Pero como abuelo era perfecto, y nos hace falta todos días.
Mi abuela. Es amante del jardín, la lectura, escritura y política. Mamá de cuatro hombres y dos mujeres. Yo desciendo de la menor de ellas, María Elena. La Pechita, como la llamamos todos, es abuela, bisabuela, una mujer católica,que cocina rico, de carácter fuerte, ideas claras, pero sobre todo mujer de Max Coloma... y que alguien se atreva a decir lo contrario.
María,la nieta.
POEMAS
CELOS (20 de febrero de 1964)
Cuando de allá vienes
de dónde yo sé,
no me digas, ¿cómo
yo sé? Porque
tienen tus miradas un no sé qué.
Miras en mis ojos y no me ves.
Siento en mí la angustia
del no saber.
Duerme aquí a mi lado,
no sé quién es.
Son los mismos ojos
que ya no ven.
Es la misma boca,
que me juró querer.
Cuando me acaricia,
¿es a mí a quién ve?
Sólo sé que vivo y no sé por qué.
DESESPERANZA (17 de agosto de 1963)
Quisiera ver mi cuerpo
transformado en piedra.
Allá en la cima
donde nada me alcance,
sólo el silencio amigo.
La lluvia resbalando
sobre mi superficie lisa,
sin que el frío me traspase.
El sol golpeando mis aristas duras
sin que su calor me abrase.
Yo inmutable allá en lo alto
contemplando lo eterno,
lo único que vale.
No habrá odio ni amores
que sólo traigan lágrimas.
Y serán los siglos
los que destruirán la piedra
convertida en átomo,
envuelta en el viento,
montada en rocío,
muriendo en el lecho fragante
de una frazada de lirios.
El infiel (26 de febrero de 1963)
Es como el payaso que ríe y sangra
con los ojos y la boca pintada
engalanando su cuerpo
para la partida nupcial.
Y allá dentro en el pecho
un sollozo, que quema y que estalla
y que no puede estallar.
La mente girando como un carrusel,
y en la pista gigante
hay un hombre que juega a matar,
y en el rojo camino que avanza
va su orgullo de macho
destruyendo a su haber
y en la meta que cubre ardoso
no vacila poner
lo que fuera su orgullo,
lo que fuera su ser.
"Mi marido, cuando joven, fue un poco picaflor, sufrí mucho. Ya lo olvidé,
por todos los años felices que vivimos juntos."
Nelly Andrews De Coloma, 7 de febrero de 2012.